miércoles, 30 de septiembre de 2009

29 de Septiembre del 2009


Hoy paseando por la calle, vi a una persona sentada en un banco. Con un viejo libro a su lado. Con un carro de la compra, donde llevaba todas sus pertenencias.
Unas fotos en blanco y negro de cuando era joven. Un teléfono fijo, de cuando tenía contestador y muchos amigos que le llamaban. Una medalla de cuando fue importante y conocido, apreciado por todo el mundo y no abandonado al olvido.
Un diario donde escribía cada noche, para la persona que más quería. Una caja de cartón como cama, un portal como habitación y un cielo eterno como casa.
Con esa soledad tan nombrada en mí. Con una educación que muchos profesores quisieran para ellos. Con una sonrisa que no deja mostrar las lagrimas derramadas cada noche.
Me acerco a él para saludarle y con un poco de atrevimiento le pregunto qué libro es. Me responde es una agenda con montones de hojas arrancadas, de días que nunca volverán.
Sin querer miro al diario; lo coge y me dice, es lo único que me mantiene en pie cada día, escribir los recuerdos hacia ella, aunque a mi lado ya no este. Lo que no se qué hare cuando escriba la ultima hoja.
Cuantas hojas me quedaran a mí por escribir.

No hay comentarios: