
Fuerte estruendo en la noche de luna llena. Un ruido de hierros doblándose, cristales rotos y un olor a mezcla de gasolina y aceite. Jugando con la vida, sin nada que perder y mucho menos que ganar. Una última mirada al cielo, a las estrellas, no encontró la luna y de repente todo se apago.
De la oscuridad apareció una imagen, una mujer bella, preciosa, con una sonrisa dulce y mirada fija. Le acaricio la mejilla, la frente, le ofreció la mano para que la siguiera y así lo hizo.
Le llevo a un acantilado, con vistas al mar, un cielo eterno de color rojizo, un atardecer perfecto. Su voz era como un susurro que le decía que la vida es preciosa y hay un largo infinito por delante.
El solo pensaba en tirarse al vacío. Ella le cogió de la mano y le dijo, tienes que vivir, luchar por tu sueño y algún día lo conseguirás.
Despertó rodeado de tubos y en una cama con dolores y una cicatriz que durara toda la vida. Pero que siempre le hará recordar las palabras de esa chica. Vive porque algún día encontraras tu sueño

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