lunes, 25 de agosto de 2008

25 de Agosto del 2008


Hablar es una de las armas más sencillas y arrojadizas que hay. Muchas veces la pasión se adueña de las conversaciones y termina uno por arrepentirse, y en las historias de amor es algo bastante común. Las promesas son sencillas y normalmente están llenas de verdad, pero todo es una cuestión de momentos, y a veces se eligen de forma inapropiada. Las promesas incumplidas siempre vienen acompañadas de una pregunta: ¿Dime por qué? Porque me hiciste vivir en ese castillo de humo. No es una cuestión de falta de personalidad, ni siquiera es una cuestión de falta de valores, es solamente cuestión de pasión; la pasión no entiende de horarios, ni de fechas en los calendarios, solamente entiende de querer y poder a la máxima brevedad, el corazón engaña a la razón y la razón es dueña de nosotros mismos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

ME HA ENCANTADO. CREO QUE DE TODO LO QUE HAS ESCRITO ES LO MEJOR.
SOLO QUERIA QUE LO SUPIERAS